Chova Piquigualda

 

 

 

 

Pyrrhocorax graculus 37 cm.

Este córvido es una especie típica de montaña y pocas veces puede vérsele fuera de las zonas altas, excepto en mal tiempo. En tales ocasiones vagabundea con frecuencia por las praderas en busca de insectos y otras presas, a veces en los mismos terrenos que su próximo pariente la Chova Piquirroja.

En las praderas de montaña, las chovas caminan pausadamente entre la hierba, desplazándose todo el bando con lentitud y adelantando unos individuos a otros con cortos vuelos. Rara vez se encuentran aisladas.

En los roquedos desnudos, junto a los acantilados abruptos, las chovas piquigualdas vuelan en acrobáticas pasadas, aprovechando las corrientes ascendentes que las elevan rápidamente hacia el cielo, casi en vertical. Planean admirablemente de cara al viento y utilizando la cola a manera de timón. Cuando se lanzan hacia tierra, en un vertiginoso picado, pueden alcanzar fácilmente los 100 kilómetros por hora, y son unas virtuosas de las caídas en barrena seguidas de ascensos en ángulo recto o de rizos extraordinarios. Se citan casos de chovas piquigualdas que descendieron en picado, con una espesa niebla, y penetraron en una oscura caverna por una abertura no mayor de metro y medio.

 

Identificación: Totalmente negra; patas rojas; pico amarillo, más corto y recto que en la Piquirroja; el joven es de tono más apagado y patas oscuras; sexos iguales.

Nidificación: Anida en pequeñas colonias en anfractuosidades de paredes rocosas y ruinas; nido de ramas y raíces, revestido de hierba seca, crines y plumas; puesta, en mayo, de 3 a 5 huevos blancos o verdosos moteados de pardo o gris; incubación, solo por la hembra, de 18 a 20 días; los pollos, alimentados por ambos padres, abandonan el nido entre los 30 y 35 días.

Alimentación: Insectos, caracoles, babosas, gusanos; frutos.

Hábitat: Montañas y riscos.

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