Cetia Ruiseñor

 

 

 

 

Cettia cetti 14 cm.

Al borde del río, entre las espesas mimbreras que lo bordean, surge de improviso un canto fuerte, que se alza sobre el rumor de la corriente; es el canto del Cetia Ruiseñor, única demostración de la presencia del ave, que se mantiene oculta entre la vegetación.

Pocas veces puede observarse bien este pajarillo, pues sus costumbres son sumamente escondidizas y es difícil que salga al descubierto. Permanece en general cerca del suelo, entre los arbustos ribereños, y todo lo que puede verse de él, en ocasiones, es un ave parda, de alas y cola redondeadas, que recuerda al ruiseñor. Por el suelo anda con rapidez y trepa también ágilmente con aires de ratón; en ambos casos suele llevar la cola inclinada hacia abajo.

Aunque puede escucharse casi todo el año, el canto alcanza su máxima frecuencia en la época de celo, ya que el macho defiende con él su territorio, que recorre arriba y abajo. En el cortejo nupcial persigue a la hembra y luego, frente a ella, levanta la cola, verticalmente, al tiempo que brinca.

Ave sedentaria, en los inviernos rigurosos sufre los efectos del frío, pero a pesar de ello parece estar en expansión desde los países mediterráneos hacia el centro de Europa.

 

Identificación: Por encima, oscuro pardo rojizo uniforme; listas superciliares y partes inferiores blancuzcas; cola redondeada, con diez rectrices; patas rosa carne; iris pardo; sexos iguales.

Nidificación: Nido construido por la hembra en arbusto, con hierba y hojas secas mezcladas con pelusa de sauce, forrado con raicillas y pelos; puesta, de abril a mayo, de 3 a 5 huevos rojo ladrillo; incubación, sólo por la hembra, de unos 13 días; los pollos, alimentados por la hembra, abandonan el nido tras unos 15 días.

Alimentación: Insectos, larvas, gusanos, moluscos, semillas.

Hábitat: Marismas y zonas palustres.

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